miércoles, 14 de julio de 2010

Cuatro jazmines - Pedro Aznar

Corto cuatro jazmines
de la planta que me regaló
mi amigo.

Lleno de agua clara
una vasija de barro que,
muerta de sueño,
sorprendí en la alacena.

Me quedo viendo, encadenado a la fragancia,
la inconcebible explosión
del blanco sobre el verde
flotando, abandonada,
por el diminuto mar
de exacta calma.

Pero no,
al fin descubro un tenue latido
en el velo transparente.
Mis brazos, apoyados en la mesa
en la que escribo,
le transmiten el ritmo
de mi sangre.

Y así entiendo:
Yo también soy recipiente
de barro
lleno de agua destinada a secarse
alguna vez.

Mi flor aún se está abriendo.

martes, 13 de julio de 2010

Déjame Entrar

El juego de esta noche es la danza rítmica
entre tú y yo, que nos convoca a empaparnos
de viejas emociones y recuerdos vapuleantes,
maltratando, consolando, acariciándonos
a la distancia como entre besos de papel
que llegan tarde de la guerra.
Mi mano golpea el aire buscando
un soplido de tu ausencia, intentado atrapar tu aroma
con una red de memorias vacilantes, porque así
es lo que tenemos, un cariño atmosférico
que se nutre en el espacio eterno
entre tu boca y la mía.

Volteo y enderezo este rompecerebros
que es mi corazón, buscando(te)
y buscando la llave del enigma
que me logre condenar a tus ojos,
porque estoy atrapado en ellos
desde que las palabras existen,
o tal vez es que solo existen
para nombrarte a ti.

domingo, 4 de julio de 2010

Reflexiones, así por ser.

Quién lo diría. El mundo "adulto", ese al que tanto quería llegar de niño, donde se experimentaran más libertades, más goce de la vida, donde la comentada promesa del american dream reflotara como la epistemología de una nueva tierra, no es más que una gran farsa. Resulta que las presiones del mundo capitalista por hacer inverosímil la felicidad completa, son en gran medida la realidad que viven los seres humanos, y ahora me doy cuenta en todo su esplendor. Los medios, el mundillo de la farándula, la política manipuladora de masas, el consumo (malo y feo, por cierto), y tantas otras cosas no son más que un Ritalín a la vena, cohartante y asfixiante en el anhelo de mantenernos cabeza gacha frente a la pantalla.

Triste (y a la vez relajante) es decir que la paz que busco no yace en las grises faldas empresariales y en la citadina existencia, donde se transa el sudor de la frente, donde las famas cortazarianas gobiernan desde castillos en el aire, mantenidos solo por nuestra ingenuidad. Tampoco en la vida bohemia que alguna vez anhelé, la vida del loft, del copete on the rocks, y la música jazz ambientando una buena conversación. Es triste aceptarlo, porque el camino fácil ha muerto, esa comodidad de sillón, cerveza y control de la tele; sí, triste, porque no hay vuelta atrás para los desheredados del sistema.

Mi camino en cambio, se muda a los parajes de la liberación del pensamiento y el crecimiento espiritual, que pervive en el arte, en la creación, y la conexión universal entre los seres que existimos. Me sumerjo entonces, en el intento de romper mis barreras ontológicas oxidadas, y desvestirme de esa epistemología sucia que no es sino esclavizante. Tomo el ropaje de la tierra, del sentir y busco, aunque no solo, el grial de la existencia, ese que nos lleve a todos a aceptarnos como seres libres y sobre todo, existentes. Pues como diría Freire hace varias décadas atrás, "Nadie libera a nadie, ni nadie se libera solo. Los hombres se liberan en comunión".

lunes, 8 de marzo de 2010

Pulgares abajo para el Naturalista.

Encontré esto en un blog que visito en ocasiones, en el cual encuentro reflexiones interesantes sobre filosofía y teología (si, "teología", aunque a algunos les de urticaria). En una de las entradas aparecía un texto de Schopenhauer, respetable filósofo alemán del cual Nietzsche sacaría sus planteamientos básicos, en el que acribillaba sin más ni más a los cientificistas/naturalistas que se han dedicado a desacralizar el mundo, basándose en el método científico (que posee varias limitaciones en la objetividad), pero pasando por alto toda la filosofía de los últimos siglos, llenándose la boca de habladurías de sus ramas, pero desestimando el verdadero conocimiento que subyace en la primera. Quise rescatarlo, ya que me gustó su planteamiento, y como forma de compartir el descontento que siento con la ciencia actual, que con su materialismo olvida las cosas trascendentes que superan los sentidos:

El impulso vigoroso y sin ejemplo que han cobrado las ramas todas de las Ciencias Naturales, cultivadas en gran parte por gentes que fuera de ellas nada han aprendido, amenaza llevarnos a un grosero y torpe materialismo, en que no es lo más escandaloso la bestialidad moral de los últimos resultados, sino la increíble ignorancia de los primeros principios, ya que se niega la fuerza moral y se rebaja la naturaleza orgánica a ser un juego casual de fuerzas químicas. No sería malo que se enterasen estos señores del crisol y la retorta de que la simple química les capacita para boticarios, pero no para filósofos; así como tampoco les vendría mal a ciertos otros señores, que se dedican a Ciencias Naturales, el caer en la cuenta de que se puede ser un consumado zoólogo y tener al dedillo hasta sesenta especies de monos, y sin embargo, si es que no se ha aprendido fuera de eso nada más que el catecismo tomado en bruto, no pasar de ser ignorante, uno de tantos del vulgo. Y esto ocurre con mucha frecuencia hoy. Métense a lumbreras gentes que fuera de su química, su física, su mineralogía, su zoología o su fisiología, nada han aprendido acerca del mundo y sin otro conocimiento alguno que no sea lo que les quede de lo que en sus años juveniles aprendieron del catecismo, si no ajustan bien esos dos fragmentos, vuélvense mofadores de la religión y, en su consecuencia, materialistas groseros. Es fácil que hayan oído alguna vez en la escuela que existieron un Platón, un Aristóteles, un Locke y un Kant; pero como estos señores no manejaron crisoles ni retortas, ni embalsamaron monos, no merecen que se les conozca de más cerca. Echando por la ventana el trabajo mental de dos siglos, filosófase ante el público con medios propios, sobre la base del catecismo de una parte, y de los crisoles, retortas, y registros de monos de la otra. Deberían saber que son unos ignorantes a quienes les queda aún mucho que aprender antes de poderse meter a hablar de ciertas cosas. Todo aquel que se meta hoy a dogmatizar acerca del alma, de Dios, del origen del mundo, de los átomos, etc., con un realismo tan infantil e ingenuo como si no se hubiese escrito la Crítica de la Razón Pura, o no quedase ejemplar alguno de ello, es uno que pertenece al vulgo: despachadle con los criados a que emplee con ellos su sabiduría.

Schopenhauer

Al Dolor de Mi Gente